jueves, 3 de septiembre de 2015

FLORA OTOÑAL DEL ALTO OJA: AZAFRANES DE MONTAÑA


Comienza la etapa otoñal y parece ser, según previsiones, que este año va a comportarse como tal, por lo menos durante este primer mes de septiembre. La llegada de unas irresistibles lluvias tempranas, irá alentando la aparición de las escasas hierbas que poseen la inusual capacidad de poder florecer durante esta amable época del año. Privilegio que es más propio de las especies vegetales de tendencia mediterránea, entre las que existen no pocas plantas que aprovechan la estación de lluvias otoñales para completar su ciclo vital cuando todavía las temperaturas del suelo y el ambiente son suaves y apacibles, con motivo de la inercia térmica del recién acontecido verano. Entre otras circunstancias, esta original peculiaridad las permite soportar una menor competencia en lo que se refiere a servicios de polinización entomológica (vía insectos), pues la diversidad y carga florística en las regiones de clima templado durante este periodo del año resulta casi insignificante si, por ejemplo, la ponemos en comparación con la de la más abundante primavera. Una buena parte de las veces se trata de especies geófitas; plantas que durante la época desfavorable del año (verano e invierno en nuestras latitudes) poseen los tejidos embrionarios ocultos y protegidos bajo el nivel del suelo, formando una suerte de tallos modificados subterráneos que adoptan morfologías de lo más aparente. De éstos últimos, una importante proporción se corresponde con tejidos nutricios de reserva, especializados en almacenar agua y otras sustancias alimenticias que serán utilizadas en los siguientes periodos vegetativos de crecimiento, cuando las condiciones climáticas sean las más apropiadas para emerger y afianzar el proceso reproductor. El ejemplo clásico del bulbo de la cebolla, el tubérculo de la patata o el rizoma de los helechos. 

En nuestro caso, los hábitats naturales que componen el paisaje de la comarca del Alto Valle del Oja, dan cabida a un exiguo contingente de pequeñas florecillas otoñales, encomendadas de embellecer el campo cuando sus colores comienzan a encenderse tras el paso del inclemente estío. Entre muchas otras, vamos a dirigir nuestra atención hacia dos especies bulbosas conocidas popularmente por el nombre de azafranes silvestres, muy frecuentes y abundantes en los montes demandeses durante los meses de septiembre y octubre. Una, es pariente próxima del azafrán cultivado (Crocus sativus), pues pertenece al mismo género botánico. La otra, aunque muy parecida, forma parte de un grupo taxonómico algo diferente, incluido en el género Merendera. Ambas flores emergen de la tierra solitarias o en reducidos grupos, desde finales de verano hasta las primeras semanas del otoño, a partir de un pequeño bulbo subterráneo similar al de una cebolleta y que, a su vez, se halla rodeado por una envoltura externa marrón oscura que recibe el nombre de túnica. Sus hojas son muy estrechas y filiformes y suelen pasar desapercibidas camufladas entre el resto del pasto verde, desarrollándose en otras estaciones del año y que no siempre suelen coincidir con la misma época de floración. La propia flor muestra seis tépalos de un color lila más o menos intenso. Hablamos de tépalos cuando los verticilos de la flor no presentan una clara diferenciación entre los pétalos que forman la corola y los sépalos que constituyen el cáliz. Entre otros caracteres, esta estructura petaloide es característica del grupo de las angiospermas monocotiledóneas. Para enterarnos mejor pasemos pues a conocerlas:


*El Crocus nudiflorus o azafrán loco vive en ambientes frescos ligados al bosque. Habitualmente colonizando suelos humíferos, ricos en nutrientes. En linderos forestales, matorrales aclarados y pastizales con cierto grado de cobertura herbácea, ya que exige algo de protección frente a la insolación directa. 

Los seis tépalos lilas que componen la flor de Crocus nudiflorus tienden a soldarse por su base, conformando un largo tubo blanquecino, en cuyo interior se desarrollan los órganos reproductores de la planta. A simple vista, puede confundirse con un pedicelo o falso tallo que en otras especies se encarga de sostener la flor.


Flor con forma de campanilla, prolongada por un largo y estrecho tubo característico de Crocus. A diferencia de otros congéneres, esta especie florece con la llegada del otoño. Otras especies peninsulares, como Crocus vernus o C. carpetanus, aparecen a finales de invierno tras la fusión de la nieve en cotas altas.


En raras ocasiones la flor de este azafrán carece de pigmentación y sus tépalos se exponen enteramente blancos. 


El género Crocus se distingue principalmente por poseer tres estambres y un estilo. Estilo que en su ápice se divide en tres estigmas con forma de penacho ramificado. El estigma es la parte que se aprovecha como condimento en forma de hebra de azafrán. Los estigmas de nuestra especie silvestre presentan mucho menos aroma e intensidad que los de los cultivares de procedencia asiática. En España, éstos últimos se han cultivado tradicionalmente desde los siglos XVI y XVII, en los territorios áridos del este; en Aragón, Castilla La Mancha, Cataluña y Comunidad Valenciana.  


 Ilustración de la flor de Crocus. A la izquierda aparecen, en amarillo, las largas anteras que se disponen en la parte distal de los estambres masculinos. Debajo, en color naranja, porción apical del estigma femenino (hebra de azafrán comercial). Observar el detalle del tubo tepalino alargado, asemejándose a un falso tallo floral.



Como anécdota, aquí presento un vídeo promocional sobre el cultivo y aprovechamiento del azafrán comercial (Crocus sativus) en tierras castellano manchegas. Por su escasez en "especie" y lo arduo de su recolecta, el precio de un kilo de hebras secas suele rondar los 3.000 euros, para el que aproximadamente se necesita recoger la exagerada cifra de 250.000 flores. Su elevado precio le ha valido la denominación de oro rojo, cuyas preciadas cosechas suelen almacenarse bajo llave en caja fuerte. 



*La otra especie que vamos a estudiar es Merendera montana, que también recibe los sinónimos de M. bulbocodium o M. pyrenaica. En publicaciones antiguas también aparece como Colchicum montanum. En castellano, a parte de azafrán silvestre o de puerto, esta planta adopta los ocurrentes nombres de quitameriendas o espantapastores. Esto se debe a la tardía aparición de sus flores, evento que presagia el acortamiento del día y la llegada del mal tiempo otoñal a la montaña, cosa que hace desistir a turistas y ganados, que van paulatinamente abandonando las zonas altas más frías del monte al compás de la florescencia de esta planta. 

Este bulbo habita pastizales de diente rasos, con suelos preferentemente abonados y compactados por el pisoteo constante del ganado. Selecciona zonas más elevadas de montaña que la especie anterior, ocupando praderas secas en lomas, puertos y majadas. Soporta mejor la iluminación directa. 

 Los seis tépalos lilas que componen la flor de Merendera montana no tienden a soldarse por su base, conformando un largo tubo como ocurría en la especie precedente. Sus tépalos surgen casi del mismo bulbo a nivel del suelo, son algo más estrechos y se disponen más abiertos. El adelgazamiento de su base recibe el nombre de uña, y que en el caso que nos ocupa es de tono blanquecino. 


La flor del espantapastores no presenta una forma acampanada y cerrada al emerger. Cuando se abre, recuerda más bien a una estrella con seis puntas, lo que se denomina apertura radial.


A diferencia de Crocus, el género Merendera posee seis estambres masculinos en lugar de tres. Se aprecian claramente en la fotografía. Sí comparten, por ejemplo, el mismo número de estigmas. 


A veces, cuando las condiciones meteorológicas son adecuadas, Merendera montana llega a constituir poblaciones multitudinarias, densísimas. No obstante, en años secos muchos de sus bulbos permanecen latentes, sin llegar a florecer. En la imagen mostrada, si afinamos un poco la vista, también podemos observar las delicadas flores de Scilla autumnalis, provistas de un delgado tallito o pedúnculo. Otra Liliácea de floración otoñal que comparte hábitat con el más generalista espantapastores. 




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